
En el primer día del año, la Iglesia eleva su mirada a María Santísima, Madre de Dios y Madre nuestra. Bajo su amparo comenzamos un nuevo tiempo, confiando a su intercesión nuestros pasos, nuestras familias y nuestra fe.
Hoy celebramos a la Virgen que acogió la voluntad del Padre con humildad y amor, convirtiéndose en cuna del Verbo hecho carne. Como nos recuerda la Sagrada Escritura:
«Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer»
(Gálatas 4, 4)
María es principio y esperanza, silencio que escucha a Dios y corazón que guarda sus promesas. En Ella encontramos refugio, consuelo y fortaleza para comenzar el año bajo la mirada misericordiosa de Cristo.
Que la Santísima Virgen de la Cabeza nos guíe, nos proteja y nos lleve siempre a su Hijo.
